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viernes, 9 de septiembre de 2011

ASÍ FUNCIONA EL MERCADO


La siguiente historia es una adaptación de parábola El Mercado de Edward Bellamy.

Erase una vez una tierra fértil, muy fértil, y el pueblo vivía feliz en ella.

En aquel pueblo había algunos hombres astutos. Con distintos métodos no muy legales que digamos, fueron acaparando las fuentes de agua, cercaron los ríos y almacenaron el indispensable líquido de la vida, el agua.   Estos hombres astutos se llamaban neoliberales. A las personas del pueblo no les quedaba nada de agua, no había agua para cocinar, no había agua para beber, no había agua para sembrar.

Aquella tierra fértil se fue secando, secando… Y el pueblo comenzó a padecer una gran escasez de agua. Entonces la gente pensó en hacer pozos para buscar agua. Buscaban agua de la mañana a la noche y muchos morían al no encontrarla.

Y sucedió que las mujeres y los hombres de aquel pueblo fueron donde los neoliberales y les pidieron agua.
-          ¿Cómo les vamos a dar nuestra agua? Quedaríamos en la misma situación de ustedes y moriríamos todos. Lo que sí podemos es venderles agua.
-          Pero… no tenemos dinero.
-          Pues trabajen para nosotros y podrán comprar el agua.

Los neoliberales, eran gente bien astuta. De inmediato organizaron al pueblo. Las mujeres a trabajar en los manantiales. Los hombres se ocuparon de transportar el agua. Y los más jóvenes, que son el futuro del mundo, los enviaron a investigar y descubrir nuevas reservas de agua.

Y así nació el empleo.

Los neoliberales habían almacenado una buena cantidad de agua en un gran tanque. Un tanque al que llamaron Mercado. Y pusieron las condiciones del mercado. Por cada cubo de agua que la gente del pueblo llevaba al tanque, que es el Mercado, les pagaban un dólar. Y los que querían tomar agua la podían comprar a un precio de dos dólares por cada cubo de agua.
-          Como se dan cuenta, esta pequeña diferencia de precio, será nuestro beneficio. Comprendan que si no fuese por ese beneficio no haríamos nada por ustedes y todos morirían de sed.

Y así nació el mercado.

La propuesta de los neoliberales pareció buena a los ojos del pueblo porque estaban desesperados por la sed. Así pues, se dieron a la tarea de acarrear agua al tanque durante muchos días.
Por cada cubo que traían, recibían un dólar. Pero por cada cubo que compraban para beber, pagaban dos dólares.

Así pasaron las semanas y los meses, hasta que un mal día fueron avisados que no llevaran más agua al tanque.
-           ¡Basta, basta, basta!... ¡No traigan ni un cubo más de agua!
-           ¿Y por qué, patrón?
-           ¿No ven que el tanque está lleno y el agua se está derramando?... El Mercado está saturado.
-          ¿Y por qué ha ocurrido esto, patrón?
-          Porque ustedes no compran lo suficiente. Y si no compran, el nivel del tanque no baja. Así que, no traigan más agua hasta nuevo aviso.
-          Pero, ¿con qué dinero vamos a comprar si nos quita el trabajo de acarrear el agua?
-          Eso es problema de ustedes. Siéntense a esperar y tengan paciencia.
-          Pero, mientras tanto, ¿cómo vivimos? ¿Qué bebemos?
-          Lo siento. No hay trabajo.

Y así nació el desempleo.
Con el desempleo, las cosas se complicaron bastante en aquel pueblo sediento. La gente no tenía dólares para comprar agua. Y los capitalistas, digo, los neoliberales, comenzaron a preocuparse…  Si nadie compraba, tampoco ellos tendrían beneficios.  Necesitaban nuevos clientes que comprara su agua, así fue que contrataron publicistas que iban por los caminos anunciando el producto bebestible.

Pero por más que la publicidad ofrecía el agua, la gente no tenía dinero. Y no tenían como conseguirlo porque no tenían trabajo.  A su vez los dueños del mercado no podían contratar más personas porque el tanque estaba lleno. Se imaginan, el tanque lleno y el pueblo muriendo de sed. EL pueblo no podía tomarla porque el agua era PROPIEDAD PRIVADA.
-          Pero, patrón, esa agua la trajimos nosotros, salió de nuestros ríos, de nuestras tierras…
-          Lo siento, amigos. El negocio es el negocio.
Estaban viviendo la primera crisis económica…
Pero los neoliberales estaban seriamente preocupados porque el pueblo no compraba más agua y ellos no tenían más ingresos. Como los beneficios se habían vuelto en su contra y las ganancias les impedían nuevas ganancias llamaron a los economistas y para que explicaran esta extraña situación.

Y vinieron los economistas de la escuela de Chicago y de la escuela de Harvard. Estos eran hombres versados en números y en soluciones macroeconómicas.
-          A ver, ustedes, explíquennos. ¿Por qué el pueblo no compra si el mercado está repleto?
-          Es que han perdido su poder adquisitivo, eso es todo.
-          Sí, pero nosotros también hemos perdido nuestro poder acumulativo.
-          Es la conocida crisis de la sobreproducción. Mucha oferta, poca demanda. Mucha producción de líquido… y poca liquidez.
-          ¿Y si bajamos los precios del agua, se arreglaría la situación?
-          No, eso nunca. Eso traería recesión. Peor el remedio que la enfermedad.
-          ¿Y qué podemos hacer? Dennos una solución para seguir obteniendo beneficios.
-          Muy sencillo. Háganles… un préstamo.
Y así nació el préstamo.
Así iniciaron a prestarles dinero al módico interés del 10 por ciento. Al pueblo le pareció bien porque el hambre es mala consejera y la sed todavía peor. Con esto lograron resolver la crisis. El pueblo tenía dólares para comprar, el nivel del tanque comenzó a bajar, y ellos consiguieron más beneficios. Le prometieron a la gente que iban a transformarse en un pueblo en vías de desarrollo.

Aquello fue un milagro. De la noche a la mañana, el pueblo tenía dinero, mucho dinero en las manos. Compraron agua. Bebieron y se saciaron. El Mercado se activó. Como el nivel del tanque bajaba por el aumento del consumo, el pueblo fue nuevamente contratado para llenarlo con cubos de agua. Por cada cubo, un dólar. Y para comprar, dos dólares. Así son las leyes del Mercado.
El pueblo estaba feliz con aquella bonanza económica. Tenían el dinero del préstamo y, además, el dinero que les pagaban por acarrear los cubos de agua.

Y así pasó el tiempo. Cayeron las hojas del almanaque y acabó el año. Cuando llegó el momento de cobrar el préstamo la gente no tenía dinero porque lo habían gastado en comprar el agua.
-          Economista… ¿qué hacemos en este caso?
-          Vuélvanles a prestar. Con el nuevo préstamo pagarán los intereses del anterior. No se preocupen, la mano invisible del Mercado lo arregla todo.
Y así les prestaron de nuevo y cuando era momento de pagar, les prestaban de nuevo para que compraran agua y para que pagaran el préstamo anterior. Y luego les prestaban de nuevo.
Y así surgió la segunda crisis económica…
Surgió la primera rebelión. La gente pedía agua, no querían más prestamos, solo querían tener derecho a vivir.
-          ¿Y si les perdonamos un poco de deuda para que sigan endeudándose y puedan pagar la deuda?
-          Eso es muy peligroso, mi estimado. Sería un mal ejemplo para… para otros pueblos que están en situaciones similares.
-          ¿Y qué solución hay para esta crisis? Porque si no compran agua, el tanque rebosa y no tenemos beneficios.
-          Llamemos a los colegas del Fondo Monetario y del Banco Mundial. Son buenos chicos. Tienen ideas ingeniosas.
Los funcionarios les explicaron cómo funcionaba la economía de mercado. Siempre había soluciones que favorecían a los que más tenían. Como una ley de la vida.
-          Tiburón come sardina. Gato come ratón. Y rico come pobre. Así es.
-          Ponemos nuestra confianza en ustedes, expertos solidarios del Fondo Monetario y técnicos sin igual del Banco Mundial.
-          El Mercado resuelve todo. Pero ustedes no han diversificado mercado. Ok, ya tienen el agua. Pero podrían tenerlo todo.
Los asesores del Fondo Monetario y del Banco Mundial dieron sabias instrucciones a los neoliberales. Y éstos, ni cortos ni perezosos.  La gente se preguntaba cómo era posible que el tanque estuviera lleno de agua y el pueblo se muriera de sed. Ellos les dijeron que era el misterio de la sobreproducción. Entonces les presentaron su nuevo plan económico.
-          Reflexionen. ¿Por qué sólo acarrean agua? Ustedes tienen muchas cosas para vender y obtener dinero. Vendan sus animales. Vendan sus casas. Vendan sus tierras… y lo que hay debajo de la tierra. Así tendrán dinero para comprar agua… y, sobre todo, para pagar sus deudas.
-          Pero las tierras son de la comunidad…
-          Para salir de la crisis, para reactivar la economía, hay que privatizar. Privatizarlo… todo.
Y sucedió que las mujeres y los hombres de aquel pueblo, agobiados por la sed, vendieron todo lo que tenían. Pusieron los bienes comunitarios en las manos privadas de los neoliberales. Al final no tenían nada más que vender. Con el dinero de las privatizaciones pagaron la deuda. Luego tuvieron que pedir nuevos préstamos para comprar agua y siguieron endeudados hasta el cuello.
-          Esto es un misterio.
-          No, vecinos. No, vecinas. Esto es una tomadura de pelo. Vengo del otro pueblo. Allá también tenemos un coro de neoliberales cantando la misma canción. Escuchen, vecinos, vecinas. Aquí no hay ningún misterio económico, sino una grande, enorme, gigante mentira.
-          Lo que pasa es que somos pobres…
-          No diga eso, vecino. Ni ustedes ni nosotros somos pobres, sino empobrecidos, que es muy distinto. El agua que compramos al doble es la misma que vendemos a la mitad.
-          Bueno, somos pueblos en vías de desarrollo, así nos dijeron los neoliberales.
-          En vías de “subdesarrollo” habrán querido decir, porque ya hemos pagado la deuda dos, cuatro, ocho veces… y cada vez estamos peor. Ese es el truco, la deuda.
-          Según las leyes económicas…
-          No hay leyes económicas. No diga “economía”… sino “econosuya”, porque esos tipos se quedan con todo. ¡Abran los ojos!
-          Sí, vecina, usted tiene razón. Pero… ¿qué hacemos, quién podrá salvarnos?
-          Seremos nosotros mismos quienes nos salvemos, ustedes y nosotros, un pueblo junto a otro pueblo.
Y así surgió la gente aprendió a organizarse...
Y sucedió que las mujeres y los hombres de aquel pueblo comenzaron a reunirse, a organizarse, a pensar por su propia cabeza.
-          El agua era nuestra, las tierras eran nuestras, todo era nuestro. Y ahora no tenemos nada, sólo deudas.
-          ¡Se acabó!... No pagamos ni un dólar más. Y vamos al tanque a recuperar el agua…
Los capitalistas entonces pensaron en hacerles firmar un TLC. Un tratado de libre comercio. Compra y venta, venta y compra. Para poder venderles el agua en botellitas, con un envase atractivo…

Y como era de esperar, el TLC, el ALCA, el NAFTA, el CAFTA y demás patrañas neoliberales, no funcionaron. Y el pueblo, desesperado, pero con esperanza, inundó los caminos, las calles, las plazas…

Y los llamaron comunistas. No había quien los detuviera porque habían perdido el miedo y cuando se pierde ese miedo, todo se vuelve posible.
Los neoliberales pensaron en contratar predicadores que les explicaran que la voluntad de dios es que sean pobres y sedientos. Que tengan paciencia. Que les convenzan que en esta vida sufrirán, pero en la otra serán felices.  Pero luego se les abrieron los ojos y cuando los ojos se abren, nunca más se vuelven a cerrar.

Entonces crearon una policía que defendiera el Mercado.
Fue una vergüenza. La policía disparando contra el pueblo. El ejército disparando contra el pueblo. Pero el pueblo no dio un paso atrás. Cuando el vaso de la cólera rebosa…  Ya no fue el tanque de agua, sino el tanque de la ira, de la indignación, el que se llenó!... Ya no aguantaban más.
Y el pueblo hizo manifestaciones, marchas, levantó pancartas, gritó, echó abajo alambradas…  Y los llamaron terroristas. Y Les declararon la guerra en nombre de los sagrados principios de libre mercado!
Y sucedió que lo que parecía imposible se hizo realidad. ¡Sí se puede, sí se puede!
Se puede, claro que se puede. Otro mundo es posible. Solitos no, porque nos come el tiburón. Pero si un pueblo se une a otro y a otro y a otro… La unión hace la fuerza. La integración, ése es el camino. El único camino latinoamericano. Dicen que fueron los jóvenes quienes cambiaron el mundo.
Los neoliberales dijeron que los jóvenes eran el futuro del mundo. Pero ellos son el presente.
Y los jóvenes, que eran muchos, muchísimos, y que no habían adorado al dios mercado, ateos y ateas de ese dios cruel y egoísta, fueron al tanque donde aquellos ambiciosos acaparaban el agua… y lo echaron abajo. Y bebieron y dieron de beber.
¡Sí se puede!... ¡Sí se puede!
Y en aquella tierra donde el pueblo moría de sed, el agua alcanzó para todas y para todos. Y volvió a ser la tierra fértil de antes, cuando no había neoliberales.
Y colorín colorado, este cuento… ha comenzado.

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