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lunes, 29 de octubre de 2012

EVA FUE NEGRA

Grandes intelectuales de los siglos 18 y 19 estaban convencidos de que la raza negra era inferior a la blanca:
  • Carlos Linneo, famoso naturalista sueco clasificador de plantas y animales, decía: "Los negros y las negras, por esencia, son perezosos, vagabundos y disolutos".   
  • David Hume, eminente filósofo y jurista escocés, escribió: "El negro puede desarrollar ciertas habilidades propias de los humanos, igual que el loro consigue hablar algunas palabras". 
  • El prominente educador suizo-estadounidense Louis Agassiz decía: "El cerebro de un negro adulto equivale… al de un feto blanco de siete meses".
Y así, podríamos seguir coleccionando las teorías racistas que justificaron una de las mayores atrocidades cometidas en la historia humana: el comercio de esclavos y esclavas, donde perdieron la vida 20 millones de seres humanos.

Pues para los racistas hay una noticia: resulta que ya la ciencia demostró que no existen las razas… porque hay una sola, la negra.  Todos los colores de la piel son variaciones de la piel negra de nuestros abuelos y abuelas que nacieron en África. ¿O usted no se ha enterado todavía?

En efecto, la moderna antropología no deja lugar a dudas: todos los seres humanos descendemos de un tronco común, de unas primeras familias que vivieron en las sabanas orientales de África.  África es la cuna de la Humanidad.

En 1986, el equipo de James Wainscoat concluyó que todas las poblaciones humanas proceden de un grupo que vivió hace unos 100,000 años en lo que hoy es Etiopía, Kenia y Tanzania.  Poco después, la investigadora Rebeca Cann, tomando como base el ADN mitocondrial, que se transmite por línea materna, confirmó estos resultados. 
Por tanto Eva fue negra, y Adán. Las primeras evas y los primeros adanes evolucionaron en África y emigraron hace apenas 50,000 años colonizando Europa, Asia, Australia y, finalmente, América. ¿Qué podrán decir ahora los racistas, si por sus venas también corre sangre africana? Despreciando a la raza negra están despreciándose a sí mismos.

BIBLIOGRAFÍA:
Brown M.H., En busca de Eva, Planeta, Barcelona 1996.

viernes, 26 de octubre de 2012

LA HISTORIA DE LA COMENSALIDAD



La especificidad del ser humano surgió de una forma misteriosa y es de difícil reconstrucción histórica. Pero hay indicios de que hace siete millones de años a partir de un antepasado común habría comenzado la separación lenta y progresiva entre los simios superiores y los humanos. 
            Etnobiólogos y arqueólogos nos señalan un hecho singular. Cuando nuestros antepasados antropoides salían a cosechar frutos, semillas, cazas y pesca, no comían individualmente. Recogían los alimentos y los llevaban al grupo. Y ahí practicaban la comensalidad, esto es: distribuían los alimentos entre ellos y los comían comunitariamente. Esta comensalidad permitió el salto de la animalidad hacia la humanidad. Esa pequeña diferencia hace toda una diferencia.
            Lo que ayer nos hizo humanos, todavía hoy sigue haciéndonos de nuevo humanos. Y si no está presente, nos deshumanizamos, crueles y sin piedad. ¿No es esta, lamentablemente, la situación de la humanidad actual?
            Un elemento productor de humanidad, estrechamente ligado a la comensalidad, es la culinaria, la cocina, es decir, la preparación de los alimentos. Bien escribió Claude Lévi-Strauss, eminente antropólogo que trabajó muchos años en Brasil: «el dominio de la cocina constituye una forma de actividad humana verdaderamente universal. Así como no existe sociedad sin lenguaje, así tampoco hay ninguna sociedad que no cocine algunos de sus alimentos».

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