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viernes, 18 de noviembre de 2011

19 nov, Día contra el maltrato infantil - SINDORME DEL NIÑO SACUDIDO

Qué le pasa al niño? Un bebé llora que llora y nada lo calma? Tal vez tenga frío, calor, cólicos de gases, hambre… Pueden ser varias cosas. Si está muy nerviosa, llame a otra persona para ayudarla. Por cierto, ¿oyó alguna vez del síndrome del niño sacudido?

 Una noche de enero del 2002, el alpinista suizo Erhard Loretan, famoso por escalar las montañas más altas del mundo, intentaba dormir. Crispado por el llanto de su bebé, hizo lo que hacen muchos padres: lo agarró de los hombros y lo sacudió para cortarle el berrinche. La reprimenda, que duró unos segundos, tuvo unas consecuencias dramáticas.

 Las lágrimas del pequeño Ewan, de siete meses, dejaron de brotar y su respiración se volvió entrecortada.  Nada pudieron hacer por él. Veintidós horas después, moría en un hospital de Berna. Los médicos dijeron que la criatura había sufrido graves daños cerebrales a causa del llamado Sindrome del niño sacudido.

¿El síndrome del niño sacudido es algo nuevo? Desgraciadamente, no. Es una de las causas más comunes de muerte por maltrato, pero ocurre que los niños no presentan síntomas visibles y es difícil saberlo en un examen sencillo.

¿Y cuáles son los síntomas? Pérdida de apetito, llanto, palidez, hasta los vómitos y convulsiones que se pueden confundir con un problema viral. ¿Entonces? ¿Cómo saberlo?  Un examen oftalmológico puede detectar sangrado detrás del ojo o desprendimiento de la retina. Y si a esto se suma moretones en los bracitos o fractura de costillas tenemos un caso de maltrato infantil.
¿Pero, es tan grave sacudir a un bebé? Bastan dos o tres segundos para ocasionarle serias lesiones cerebrales. Hasta los tres años de edad, la cabeza del niño es muy frágil y el cerebro se encuentra en formación. Si lo sacuden fuertemente se produce el “efecto coctelera”.   ¿Cómo es eso?  El cerebro va y viene una y otra vez muy rápidamente, golpeándose contra las paredes del cráneo. Se producen hemorragias y la sangre se acumula en la zona que envuelve el cerebro. Puede morir o dañarse las neuronas para siempre.  
En el caso del alpinista, él no quiso matar a su hijo.  Él no lo sabía y tampoco lo saben quienes juegan bruscamente con su bebé. Por ejemplo, la costumbre de lanzarlo al aire, o de agarrarlo de las manitas y darle vueltas, o de montarlo a caballito y correr…

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