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viernes, 6 de enero de 2012

La pobreza con rostro de mujer

Todavía está oscuro y los gallos anuncian el nuevo día. Juana está levantada desde hace mucho y luego de cargar la leña y prender el fuego, prepara la comida para sus cinco hijos pequeños. Su marido fue a buscar trabajo en la ciudad y ella se quedó sola. Ahora, cultiva la chacra, cuida los animales y se encarga de vender sus productos. Cada día, con el sol, sale a la carretera esperando el camión que la llevará con su carga de yucas y plátanos hasta el mercado. Al final de la tarde, regresa a su casita de cañas con unos cuántos centavos y un poco de fideos.
Como Juana, miles de mujeres están solas a cargo de sus familias. Las medicinas, la escuela, la ropa, la comida, todo corre por cuenta de ellas. A menudo, su familia no son solo sus hijos e hijas, tienen a la abuela y el abuelo, hasta alguna hermana que arrima su pobreza.

En América Latina, 35 de cada 100 hogares son responsabilidad de las mujeres.
En algunos países africanos y del Caribe, la mitad de las familias tienen como jefa una mujer.
Y hasta en Europa Occidental, 31 de cada 100 hogares son mantenidos por mujeres.
Las razones de esta situación son las migraciones, los divorcios, el abandono, el exilio político, la viudez, los nacimientos fuera del matrimonio y, especialmente, la idea de que los niños y niñas son de la madre. La globalización de la economía mundial y las políticas de los gobiernos afectan muy duramente a las mujeres. Se reducen los programas sociales, sobre todo la atención de salud y educación y suelen ser ellas las que soportan ese costo.

  Las mujeres tiene menores oportunidades de acceso a empleos lucrativos y a los recursos de producción como la tierra, el crédito y la tecnología. Esto las obliga a optar por trabajos mal pagados. Los hogares encabezados por mujeres con niños pequeños son los más necesitados. Y si no logran un mínimo de ingresos, les trasmiten la pobreza. Es el caso de las hijas mayores obligadas a abandonar la escuela y a ocuparse de sus hermanos y hermanas mientras sus madres trabajan.

  En el mundo, 67 de cada 100 horas laborales son trabajadas por mujeres, mientras ellas obtienen tan solo el 10% de los ingresos generados. Solo uno de cada cien propietarios de tierras es mujer. Y en los países en desarrollo, casi 570 millones de mujeres rurales —el 60% de la población rural pobre— viven por debajo de la línea de pobreza.

  La feminización de la pobreza es una grave realidad de la situación de las mujeres y el resultado de la injusta economía mundial. Jefas de hogar, solas, sin recursos. La pobreza es un rostro equivocado para las mujeres.

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