Un fantasma recorre el mundo: el
fantasma de la rebelión. De Egipto a Chile, pasando por Israel, India,
España y Estados Unidos, mareas humanas inundaron plazas, avenidas y
parques para tratar de cambiar su mundo. Una contestación que busca
transformaciones locales, pero que tanto en repúblicas como en
dictaduras, en el norte y en el sur, son un signo del desgaste del orden
dominante. Es un llamado a la democratización, un rechazo al imperio de
los mercados, un grito contra los abusos y el cinismo del poder.
Todavía es temprano para decir si lograrán realmente trastornarlo todo,
pero como en 1848, 1968 o 1989, este año sin duda fue un soplo de
libertad y creatividad política.
Todo empezó en Túnez. El 17 de diciembre de 2010, un humilde
vendedor de verduras se inmoló para protestar contra los abusos de la
Policía. La cólera se contagió a todo el país, cansado de las
arbitrariedades del régimen de Zine Ben Alí, que abandonó el país cuatro
semanas después. La chispa se propagó al mundo árabe, donde ya cuatro
déspotas cayeron, y poco a poco al resto del planeta.
Paros en Grecia.
Acampadas en las plazas de España.
Motines en Londres.
Marchas
anticorrupción en la India.
Huelgas estudiantiles en Chile y Colombia.
Manifestaciones históricas en Israel.
Manifestaciones en Rusia.
Un movimiento sin
precedentes de ocupación de los símbolos del poder financiero en Estados
Unidos.
La rebelión tiene mil caras, pero también miles de vasos
comunicantes.